Cerca de la Revolución

Fuente imagen: Ministerio de Cultura de la Nación

¿Qué estabas haciendo el día que derribaron las Torres Gemelas? ¿Quién -que tenga una edad decente, claro- no se acuerda algo puntual de ese día? Muchos estudios de aprendizaje y memoria cuentan cómo un evento extraordinario ayuda a fijar nuevos conocimientos o acontecimientos, y uno de los ejemplos que ponen para evidenciarlo es justamente este.

Algo muy parecido pasa con el Cordobazo. No hay quien haya vivido en Córdoba a fines de los ‘60 que no recuerde algo de aquella revuelta ocurrida hace ya 52 años. El paso del tiempo no pudo borrar su huella y aunque en el resto del país quizás no haya tenido la misma resonancia -porque los medios no eran lo que son hoy, ni transmitían en vivo a todo color- las consecuencias posteriores sí se hicieron sentir y marcaron para siempre la historia reciente de nuestro país y de quienes lo habitan. Hagan el ejercicio y pregunten, puede que se sorprendan con las respuestas. Desde Entre tanta ciencia lo hicimos.

“Yo trabajaba en pleno Centro -recuerda Jorge que, en aquel entonces tenía 16 años- y en un momento empezó a sonar una sirena, como la antigua de los Bomberos. La debo haber escuchado dos o tres veces; esa fue la primera y es un sonido verdaderamente desgarrante, se te ponen los pelos de punta. Habían decretado toque de queda y si no salías en ese momento, no sabías cuándo. Era como si hubiesen tirado algo en un hormiguero y con un amigo empezamos a correr sin rumbo. Tratando de escapar del Centro, terminamos en el Barrio Clínicas, donde estaba todo el lío. Habíamos agarrado para el lado equivocado, pero ¡es que había focos por todas partes! Seguimos corriendo, veíamos gente caer al lado nuestro, no sé cuánto tiempo estuvimos corriendo, escondiéndonos entre los edificios para no quedar al medio de todo eso. Hay que vivirlo, escuchar los tiros, los vidrios rotos, gente que cae… y esa alarma que no para. Yo no participaba en política, no estaba preparado, fue tremendo”.

Analía, que tenía tan sólo  10 años, cuenta: “Estaba en mi casa, con mis tres hermanos y mis abuelos, esperando que mi mamá volviera de la fábrica, y empezamos a escuchar la alarma desde el Centro, que estaba bastante lejos. También había una concesionaria cerca de casa y explotaban los autos, se escuchaba mucho lío. Mi abuelo salió a comprar comida para guardar en el sótano, por si no podíamos salir más, nos preparábamos pero no sabíamos bien para qué. Teníamos miedo”.

“Yo tenía 11 años, vivía en un barrio que está en una parte alta y veía las humaredas que salían en el centro. Mi papá era geólogo, docente universitario, pero no era militante, así que no lo vivimos muy de cerca, pero lo recuerdo muy bien”, rememora Mónica Gordillo que, a pesar de esta lejanía inicial, dedicaría gran parte de su vida a estudiar hechos de la historia reciente del país -entre los que se destaca el Cordobazo- preocupándose, no por lo que relatan las grandilocuentes páginas oficiales, sino, principalmente, por lxs trabajadores y las acciones colectivas de protesta.

¿Y, entonces, que la llevó a estudiar el Cordobazo? “Cuando entré a la Escuela de Historia en la Universidad Nacional de Córdoba, en el ‘77 -recuerda Mónica-, para mí fue un contraste impresionante que me marcó muchísimo, en el sentido inverso al que viven muchas personas. Yo venía de una escuela universitaria -la Escuela Manuel Belgrano-, que era una caja de resonancia del activismo de los ‘70 y la facultad me parecía un sepulcro. Entramos en plena dictadura, no podíamos reunirnos, ni discutir. Padecí la universidad como un contraste insoportable, no lo sentí como una etapa enriquecedora, la currícula estaba limitada y no había recibido ninguna formación en historia social, que es lo que me interesaba. Recién durante mi último año, en 1982, volvieron algunos profesores y me empecé a relacionar con una de ellas, Ofelia Pianetto, que se había dedicado a la historia social y dirigió mi tesis de doctorado. Sin duda que mi experiencia contrastante y mi búsqueda por fuera de la facultad en esos años de la recuperación de la democracia tuvieron que ver en la elección de los temas”.

“El Cordobazo queda como símbolo disponible para ser recuperado y contrapuesto, para servir de comparación y de horizonte de lo que puede lograr la gente en la calle. Pero también creo que el Cordobazo es un fuerte testimonio de lo que la violencia estatal puede desencadenar», señala Mónica Gordillo. Fuente imagen: gentileza investigadora.

Hoy, Mónica Gordillo es investigadora del CONICET, vice directora del Instituto de Humanidades (CONICET-UNC) y docente en la Universidad Nacional de Córdoba. Hablando de las particularidades que tiene estudiar la historia reciente, la investigadora reconoce que “una de las ventajas es la posibilidad de conversar con participantes de los hechos que analizamos. Para el Cordobazo hice más de 60 entrevistas, durante más de un año, a dirigentes, activistas, estudiantes, mujeres que habían protegido a los manifestantes, un conscripto que estaba haciendo la colimba, empresarios… Sin embargo, los testimonios de los participantes no son suficientes para los historiadores, por eso es importante complementarlos y contrastarlos con otro tipo de registros. El problema es que no siempre es fácil, ya que, por ejemplo, la mayoría de los sindicatos no tienen archivos. Yo tuve la suerte de acceder a mucho material que tenía acopiado el SMATA -aunque sin sistematizar-  y también al archivo de Luz y Fuerza. Ambos cubrían toda la década del ‘60 e incluían boletines de circulación gremial, actas de comisiones internas y congresos, entre otros. También analizamos noticias publicadas en los tres diarios de la provincia de Córdoba de la época, cada uno con su orientación bien definida: La Voz del Interior, que era radical, liberal; Los Principios, católico; y Córdoba, que le daba mucha importancia a la información gremial”. En este nuevo aniversario, volvemos a recordar este hito bisagra en el país.

Se viene el estallido

En 1969, se vivía un descontento generalizado contra el Gobierno de Juan Carlos Onganía. A la situación de proscripción del peronismo, extranjerización de la industria nacional y deterioro de la situación económica se le sumaban la intervención a las universidades y el ataque sistemático a los derechos laborales y sociales de lxs trabajadores.

Como respuesta las dos CGT -Azopardo y de los Argentinos- acordaron un paro general para el 30 de Mayo, en todo el país. En Córdoba se acató esta medida y se le agregó un paro activo para el día previo, el 29 de Mayo. Además, estas medidas fueron planificadas en conjunto con estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Católica -en menor medida-. Hasta acá lo planeado.


“1969 fue un año de crisis política, de insatisfacciones políticas y morales, como consecuencia de la persecución absoluta desatada contra los trabajadores y el movimiento peronista, con la gente sin ningún poder para expresarse políticamente, sin voz y sin derechos. Nuestras principales razones para abandonar las fábricas fueron las reivindicaciones económicas, la abolición del sábado inglés, por ejemplo, que era muy importante para nosotros. Pero nuestra participación fue también política, teníamos nuestras ideas políticas muy claras en ese sentido». Entrevista a Mizael Bizzotto, delegado sindical de IKA-RENAULT , extraída del libro Córdoba Rebelde.


El día 29 de Mayo, por la mañana, lxs obrerxs en sus lugares de trabajo en los diferentes puntos de la ciudad interrumpieron sus tareas para marchar hacia la central delegación de la CGT regional que se encontraba  en pleno Centro. A ellos se unieron lxs estudiantes que confluían desde Ciudad Universitaria con lxs trabajadores de SMATA que bajaban desde la fábrica de Renault, formando una columna tan numerosa que hacía trepidar todo a su paso.

Fuente imagen: Telam

El gobernador Carlos José Caballero, designado por el presidente de facto Juan Carlos Onganía, respondió de la única manera que sabía: con violencia. El avance de lxs manifestantes que marchaban pacíficamente hacia el centro desde diversos puntos fueron detenidos con gases lacrimógenos y balas de goma antes de poder entrar en la zona céntrica. Luego con balas de plomo.

Allí, la planificación encontró su límite “Cuando la columna de SMATA, que era la más numerosa, fue interceptada, los manifestantes se dispersaron y empezaron a desbordarse por los barrios. Ahí recibieron el apoyo de los vecinos de diferentes sectores y muchos, inclusive, se sumaron a la acción, interpelados por el contenido antiautoritario de la protesta. Esto lo convirtió en una rebelión popular”, explica Mónica, aludiendo a una categoría que elaboró durante la investigación junto a James Brennan.


“El Cordobazo fue esencialmente una protesta política, pero política en un sentido amplio, no partidario, sino en el sentido de terminar con la dictadura «. Entrevista a Miguel Contreras, secretario general del Partido Comunista de Córdoba. Extraída del libro “Córdoba Rebelde”.


Allí la movilización se empezó a propagar por diferentes puntos de la ciudad y, así, la protesta se transformó en una insurrección urbana, el segundo concepto acuñado por lxs investigadores para describir este hecho.. Se generalizaron los enfrentamientos directos entre manifestantes y fuerzas de seguridad y las barricadas; la policía se vio desbordada y tuvo que replegarse en la central. 


«En Córdoba, las columnas que marcharon sobre la ciudad eran principalmente de obreros, mí propio barrio estaba integrado mayormente por trabajadores humildes, no por operarios de IKA-RENAULT o de EPEC, sino por albañiles, mecánicos, trabajadores manuales y empleadas domésticas. Aun así, fueron al centro de la ciudad, quizá sólo como espectadores, pero fueron». – Entrevista a Rodolfo, párroco y miembro del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo en Córdoba, extraída del libro “Córdoba Rebelde”.


Después de eso, durante algunas horas, la movilización ganó la calle. “La violencia de la protesta fue una respuesta directa a la violencia estatal -asegura la investigadora- y se materializó, principalmente, en la destrucción de símbolos estratégicos, representativos del poder político -como por ejemplo, el Círculo de Oficiales o el Casino de Suboficiales- y económico -fundamentalmente concesionarios de autos-”.


“Se produce el estallido popular, la rebeldía contra tantas injusticias, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación. Es el Pueblo. Son las bases sindicales y estudiantiles, que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de toda la población se da tanto en el centro como en los barrios”. Agustín Tosco, Córdoba testimonio del Cordobazo, Revista Enfoque, 1970.


A pesar de la sensación de victoria de lxs manifestantes, por la tarde el panorama cambió, porque el gobernador llamó al Tercer Cuerpo del Ejército y allí se recrudeció la violencia estatal. Quienes resistieron se nuclearon, fundamentalmente, en el Barrio estudiantil de Clínicas. “Hubo muchos enfrentamientos y aparecieron algunos francotiradores. Esta fue una novedad y, en el ciclo posterior, junto a la protesta obrera que se mantiene pacífica, se iba a enlazar con un actor fundamental en los 70, que es el militante armado”, describe la investigadora.

Retrato de Agustín Tosco. Autor: Jeremías Di Pietro.

Al día siguiente, el “orden” se había restituido. La manifestación se había terminado y muchos participantes, entre ellos los principales líderes sindicales, fueron encarcelados. Nunca se conocieron las cifras oficiales de detenidos, heridos ni muertos. El paro nacional convocado por las dos CGT se llevó a cabo sin presencia en las calles, Aquí terminaría la historia si sólo de hitos aislados se construyera. Pero esto no es así, el mundo transcurre entre procesos que se entrelazan, se oponen y se suceden. Y hacia ahí vamos.

Coctel explosivo

¿Qué posibilitó al Cordobazo? ¿Fue pura excepcionalidad histórica o parte de un ciclo que la engloba y explica, a pesar de sus particularidades? “Si hubiese una opresión sin grietas, sin posibilidad de cambio, no se activaría la movilización, al menos en esta escala, la gente no es irracional, la acción colectiva no lo es”, anticipa Mónica.


“El Cordobazo es la expresión militante, del más alto nivel cuantitativo y cualitativo de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su frustración de todos los días  Agustín Tosco, Córdoba testimonio del Cordobazo, Revista Enfoque, 1970.


En el caso del Cordobazo confluyeron, en los años previos, varios factores. Por un lado, un escenario internacional, con la revolución Cubana (1959) y el Mayo Francés (1968) a la cabeza, hablaba de que otro mundo era posible. En el plano nacional, desde la mal llamada Revolución Libertadora, que derrocó a Perón en el ‘55, la proscripción a la fuerza política mayoritaria, el retroceso en las condiciones sociales y el gobierno de Onganía que no sólo endurecía estos rasgos sino que, además, amenazaba con perpetuarse en el poder, pintaban un panorama que contrastaba con una movilización popular que nunca se detuvo y que permanentemente conseguía hacer retroceder al régimen y reconquistar terreno perdido.

Fuente imagen: UNSAM

También en el plano nacional, “la CGT de los Argentinos creada en 1968, fue muy importante porque aglutinó diversos sectores sociales -asegura la investigadora-, a través de un programa de acción que proponía conformar un frente contra la dictadura. El componente de espontaneidad que se dio durante el Cordobazo y desembocó en la rebelión popular no hubiese tenido lugar sin este trabajo previo”


“Después, con Onganía no se permitía la participación estudiantil en la Universidad, y eso hacía que los que no estaban definidos les dieran la razón a todos los que ya estaban en una posición crítica. Es decir que pensábamos que había profesores que estaban allí solamente por ser amigos de alguien, que no estaban por concurso, que no se renovaban. Pensábamos que el gobierno en la facultad era desastroso». Entrevista a Nora, estudiante universitaria, extraída del libro Córdoba Rebelde.


Por su parte, también es acertado señalar que en Córdoba coincidieron muchos elementos que terminaron de armar el coctel explosivo, entre los que se destaca el papel de los sindicatos. Estos habían cobrado una fuerza notable en la década anterior y, a través del paro activo como medida novedosa, obtuvieron muchas victorias. Eso habla de la importancia que tiene la irrupción de los cuerpos obreros en el centro, un lugar reservado para otros sectores sociales, ya que el conjunto de lxs trabajadores industriales se concentraban en barrios del cinturón que rodeaba a la ciudad.


«Desde el principio noté una diferencia entre la protesta de los estudiantes y la de los trabajadores. Nosotros convivíamos con el centro, el centro era nuestro, de los estudiantes, y destruirlo era destruir lo nuestro. El obrero, en cambio, se apropiaba del centro cuando venía en manifestación, para él no era de él, entonces no dudaba; si había que prender fuego o quemar un auto no dudaba, sabía que no le iba a quemar el auto a ningún amigo; nosotros no». Entrevista a Alberto, estudiante universitario, extraída del libro Córdoba Rebelde.


Además, “algunos dirigentes de los gremios líderes tomaron la decisión política de ignorar sus diferencias porque pensaban que solamente se podía derrotar a la dictadura de Onganía formando un frente junto a diversos actores sociales -explica Mónica-. Ese objetivo común estaba presente en Agustín Tosco del Sindicato Luz y Fuerza (de izquierda), y también se veía en Elpidio Torres del SMATA (peronista de una línea próxima al vandorismo). Ambos contaban con una gran capacidad de movilización de las bases, acordaban acciones en común y, también, lograron confluir con el estudiantado”.

Finalmente, la política regresiva y represiva de Onganía encendió la mecha… y ocurrió el estallido.

La onda expansiva

La consecuencia inmediata del Cordobazo fue la renuncia del gobernador de Córdoba. Pero eso no quedó allí. “Todos advertían que esto había marcado un quiebre en ese frente compacto que mostraba el gobierno y, al interior de las fuerzas armadas, algunos sectores comenzaron a plantear que había que buscar salidas al descontento social. También otros gremios se sumaron a la acción directa y surgió un cuestionamiento por parte de las bases a los dirigentes de los propios sindicatos, dando inicio a un proceso de radicalización que se acentuará en la década posterior con la aparición de los sindicatos clasistas”, relata la historiadora.

Atilio López hablando y Agustín Tosco, a su lado. Fuente: CTA de los Trabajadores.

A su vez, el éxito de este movimiento abrió un ciclo de protestas que incluiría otras revueltas grandes, como el Rosariazo y el Tucumanazo. “Además -agrega Mónica- comenzaron a aparecer las organizaciones guerrilleras que planteaban terminar con la dictadura a través, ya no sólo de la protesta social, sino de la intervención directa a partir de la toma de las armas. El Ejército Revolucionario del Pueblo apareció en el ‘69 y para el primer aniversario del Cordobazo, en 1970, Montoneros hizo su primera aparición pública con el secuestro y ejecución de Aramburu. Este coletazo del Cordobazo terminó, finalmente, con la renuncia de Onganía y cerró el ciclo para dar paso a un ciclo posterior de radicalización”


“El saldo de la batalla de Córdoba —El Cordobazo— es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un Pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás”. Agustín Tosco, Córdoba testimonio del Cordobazo, Revista Enfoque, 1970.


El resto ya es historia, la conocemos y, a veces queda esa sensación amarga de lo perdido en el camino. Sin embargo, Mónica sostiene una visión más optimista al respecto: “El Cordobazo queda como símbolo disponible para ser recuperado y contrapuesto, para servir de comparación y de horizonte de lo que puede lograr la gente en la calle, por cuestiones que exceden a una reivindicación puntual e individual. Pero también creo que el Cordobazo es un fuerte testimonio de lo que la violencia estatal puede desencadenar, como ocurrió en la década que siguió, y también en 2001. Esa violencia estatal hizo que la gente redoblara la apuesta. Fue una advertencia que no se atendió en los ‘70: la violencia solo genera más violencia. Y los últimos gobiernos se han cuidado de eso, es un aprendizaje colectivo. No hay que tenerle miedo a la movilización, la expresión en la calle es parte de la democracia”.

Los resultados de las investigaciones de Mónica Gordillo sobre el Cordobazo fueron recopilados, en parte, en el libro escrito en colaboración con James Brennan, Córdoba rebelde: el cordobazo, el clasismo y la movilización social (Editorial De la Campana, 2008), del cual surgen las citas incluidas en el presente artículo. Además, compiló para el 50° aniversario del Cordobazo el libro 1969. A cincuenta años. Repensando el ciclo de protestas.

Mariela López Cordero
Comunicadora en Entre tanta ciencia | Ver más publicaciones del autor

Mariela López Cordero es comunicadora social, especializada en ciencia y tecnología e integrante de Entre tanta ciencia. Trabaja hace más de diez años buscando formas de conectar la ciencia con la sociedad y, desde 2012, es comunicadora en el CONICET. Disfruta particularmente explorando el vínculo entre comunicación científica y arte a través de cuentos infantiles, obras de teatro y podcasts. Curiosa desde siempre, encuentra en la ciencia un modo de ver el mundo que fomenta la crítica, la creatividad y, sobre todo, la duda. Convencida de que el conocimiento es poder, ve a la comunicación como una herramienta indispensable para la democracia.

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