
Lo ocurrido hace algunas semanas en Rosario -más precisamente del 13 al 15 de mayo, más puntualmente en la Universidad Nacional de Rosario– supone una suerte de “cruzada” contra los tiempos que corren. ¿Personas encontrándose cara a cara, más allá de la virtualidad? ¿Apasionadxs por la ciencia, por su comunicación, por la tecnología y por el encuentro con el Otrx en tiempos de desfinanciamiento, desmantelamiento y “cientificido”? Pues sí.
La X edición del COPUCI (Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia, para ser más exactos) agrupó a más de 500 interesadxs por narrar la ciencia, provenientes de diez países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Uruguay y España), nucleados en 169 exposiciones, varios paneles de debates (¡y vaya que hubo debate e intercambio!) y ¡hasta COPUCIA, una IA generativa!
Pero claro, que los números no alcanzan para reflejar el todo, porque seguramente el COPUCI también se esconde en lo que se aprendió, en lo que se preguntó, en el contacto obtenido, en un libro de regalo, en el consenso (y también disenso) y en la creatividad que, como siempre está a flor de piel.
Con eso en mente, y entendiendo que cada COPUCI es una suerte de punto de partida (¿una estación, quizás?) que se sigue moviendo, les preguntamos a algunos de los que estuvieron allí qué se llevan de esta edición rosarina. Y estas fueron sus respuestas:
María Soledad Casasola- Directora de Comunicación de la Ciencia, Universidad Nacional de Rosario
Ser sede de la edición número 10 del Congreso de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, COPUCI 2026, nos deja muchas reflexiones, ideas y líneas para seguir indagando e investigando en este campo tan amplio. Tengo una libreta llena de apuntes y referencias que hablan de la riqueza que me deja este evento tanto como participante y también como una de sus organizadoras.
Comienzo por un elemento muy fuerte que identifiqué casi como una constante en todos los espacios: la necesidad de encuentro y puesta en común. En los paneles, las mesas y en el café la comunidad COPUCI se reencontró -o conoció- y no perdió el tiempo: se abrieron contactos, se compartieron experiencias y perspectivas teóricas, todo en un clima de camaradería y poco catártico, a pesar de la dura coyuntura. Creo que nos reunimos en Rosario para mostrar y reflexionar sobre todo lo que hacemos, por qué lo hacemos sin agotarnos en la queja por las crisis. Redoblamos la apuesta y seguimos en carrera.
Otro elemento, a 15 años de aquella primera edición en Córdoba, es la evaluación sobre el enorme crecimiento del campo no solo en Argentina sino a nivel iberoamericano. El propio lema del Congreso “De las ideas innovadoras a las prácticas sostenidas” buscó dar cuenta de los recorridos individuales y colectivos y su huella, más allá de prácticas innovadoras puntuales. Propusimos abrir la conversación para que quienes participaran vinieran a contar las estructuras y tramas que permiten que la comunicación pública de la ciencia sea una política pública en muchos organismos productores de ciencia y tecnología, o cómo está comenzando a serlo.
Esta edición nos dejó la satisfacción de la apropiación de los espacios y las propuestas. Se invitó a entrar en conversación con otrxs en mesas y pósteres, pero también en clínicas y workshops, talleres y espacios de experimentación con inteligencia artificial y en todos ellos hubo entusiastas profesionales escuchando, preguntando y aportando. Muchas de las propuestas fueron presentadas por la propia comunidad y el desafío fue coordinarlas y poner a disposición las condiciones necesarias para que pudieran desarrollarse.

COPUCI seguirá en nuestras conversaciones durante mucho tiempo. El primer balance que puedo hacer sobre estos tres días me deja la enorme satisfacción de saber que somos una comunidad vasta y heterogénea, dinámica e inquieta, reflexiva y hacedora. De semejante combinación solo pueden salir grandes ideas, creativas y sólidas, capaces de mantenerse en el tiempo y demostrar que la comunicación pública de la ciencia no es sólo la acción de contar un resultado sino parte misma del proceso de producción de conocimiento científico tecnológico.
Andrés Wursten- Integrante del equipo de Ideas del Litoral
En primer lugar, me voy gratificado desde lo emocional. En un contexto de crisis del sistema educativo, de ciencia y tecnología -y del país en general- reencontrarme con personas a las que aprecio para compartir lo que hacemos con tanta pasión es, como se suele decir, una caricia al alma.
Desde un análisis retrospectivo, siendo testigo de nueve de las diez ediciones del COPUCI, observo un devenir del campo desde concepciones basadas en acciones de comunicación referentes a una disciplina o campo de conocimiento, a una idea centrada en procesos que tienden a compartir las ciencias y tecnologías. En este sentido, hay una profundización de los análisis sobre qué se comunica -no solo conocimientos, sino las CyT en su articulación con la política, la economía y la cultura-, cómo se desarrollan las propuestas -instancias de dialógicas- y quiénes participan -una pluralidad de agentes con experiencias y saberes diversos.
Un punto que me parece clave es repensar la idea de público, es decir, aquellas personas que tradicionalmente son las destinatarias de los mensajes y actividades. Es preciso insistir en la categoría de agentes participantes, remarcando el plural, para dar cuenta de la capacidad de agenciamiento de todas y todos quienes están involucrados en la comunicación pública de las ciencias (CPC), así como de la diversidad de experiencias y saberes con las que nos encontramos en estos procesos.



Para finalizar me llevo un tema que deseo continuar desarrollando en futuros trabajos. Se trata de la relevancia de las emociones en nuestras decisiones y la incidencia que tienen en los procesos de CPC. Se suele hablar de la comunicación efectiva, como aquellas estrategias para lograr la consecución de los objetivos. Pienso que a ello se debe complementar con la comunicación afectiva. Abordar los procesos de CPC como espacios educativos y de convivencia, en los que el amor prevalece, a partir de los gestos pedagógicos y las prácticas de cuidado. Se trata de entender a la comunicación de las ciencias no solo desde una perspectiva epistémica sino, también, política, cultural y emocional; de esta manera aportar al Derecho a la Ciencia, la Justicia Epistémica y la democratización de las ciencias para que la ciudadanía en su conjunto pueda acceder y participar de las discusiones que involucran el saber experto el cual es central en nuestra época.
Laura Silvera- Universidad de la República (Uruguay)
En mi experiencia como comunicadora, espacios de debate como el COPUCI se sienten como un refugio: un lugar donde es posible cuestionar la práctica de la comunicación y pensarla colectivamente. En este caso, junto a profesionales de distintas disciplinas que tensionan nuestro rol y buscan acercarse a la comunicación como una forma de tender puentes entre el conocimiento y las personas.
En las clínicas, las mesas centrales y los distintos espacios de discusión sobre comunicación de la ciencia, encontré reflejadas muchas de las inquietudes que atraviesan mi trabajo cotidiano en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, como parte de la Universidad de la República en Uruguay. Las preguntas sobre públicos segmentados, el trabajo en capas, las redes sociales, las estrategias multimediales y, sobre todo, la preocupación por garantizar el acceso a la información, la transparencia y el conocimiento producido desde las instituciones, aparecieron una y otra vez en los intercambios. ¿Cómo competimos? ¿Contra quiénes?
La UNR es sede del COPUCI 2026
— Radio UNR (@radiounr) May 11, 2026
El X Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología se desarrollará del 13 al 15 de mayo con un enfoque centrado en la relación integral y recíproca entre ciencia y sociedad.
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Por otro lado, las experiencias compartidas me resultaron especialmente inspiradoras. Me impactó el trabajo con la materialidad, el territorio y las comunidades que algunas iniciativas logran construir y sostener en el tiempo. Son procesos que generan un profundo impacto en sus contextos y que proponen salir de las plataformas para comunicar desde otro lugar: desde la experiencia, desde el encuentro y desde narrativas construidas colectivamente. Ese camino, sin dudas, me abrió una nueva posibilidad para seguir explorando con mi equipo de trabajo.
Me llevo de este COPUCI no solo aprendizajes y colegas con quienes construir alianzas, sino también la certeza de que la comunicación puede ser un espacio de transformación. También me llevo la convicción de que debemos ser conscientes de que la comunicación está en la cresta de la ola y asumir la responsabilidad del lugar que ocupamos como profesionales de la comunicación. Todo discurso tiene una intención, así como toda práctica comunicacional implica una toma de posición. El verdadero meollo está en si decidimos hacernos cargo de eso: de las narrativas que construimos, de las voces que amplificamos y de las formas en que contribuimos al acceso democrático al conocimiento, a la información y al debate público en nuestras comunidades.
Diego Núñez de la Rosa
Este fue mi primer COPUCI, pero escuchando opiniones de personas que han asistido a las ediciones anteriores, y en base a la experiencia propia, me queda la sensación de que fue el más completo.
El primer indicador de esto es la cantidad de asistentes; diversidad de ponencias; variedad de actividades anexas como talleres, clínicas, presentaciones de libros; la jerarquía de los invitados a las charlas magistrales; y la nutrida sesión de posters.
Todo esto promovió un alto nivel de debates e intercambios. Fueron tres días de conocerse y reconocerse en las experiencias presentadas. Todxs nos llevamos mucho de todxs. Nos fuimos transformados. Lo que propició un estado de grupalidad que no existía antes del Congreso. La mayoría nos quedamos con la sensación de que en cada colega existía algo común, algo que remite a la confianza de sabernos lo mismo, pero en lugares y experiencias diferentes. Este aspecto no será menor a la hora de consolidar el espacio de la comunicación pública de la ciencia en el lugar de pertenencia de cada quién, pero sabiendo que hay una red y acudiendo a ella desde la confianza y la retroalimentación. Sabemos que ya no actuamos en soledad.
Y en este sentido, también lo que nos invitó el COPUCI fue a abrazar la idea de la dimensión institucional de la comunicación pública de la ciencia. Podríamos afirmar que cada uno retornó a su contexto laboral/profesional con la misión tácita, no explicitada, de incidir institucionalmente desde la comunicación pública de la ciencia. El COPUCI nos dio esa seguridad de sabernos agentes de cambio, para que este espacio disciplinar que es la comunicación de la ciencia modifique estructuralmente organigramas, planes de estudio, debates académicos, trayectorias profesionales, y mucho más.

Con todo, el X COPUCI de Rosario ha sido bisagra. Quedan dos años hasta que volvamos a encontrarnos en Mendoza, pero seguramente habrá muchas novedades, trabajo, intercambios y nuevos pequeños encuentros, que servirán para que este espacio siga echando raíces y crezca como promete hacerlo.
Julieta Vignale
Reflexionar, aprender, conocer e intercambiar son acciones-premisas que se dan en el ámbito del Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología. Desde el año 2011 (y cada dos años) se realiza este evento, donde ideas, teorías, prácticas y experiencias forman parte de su impulso convocante y sostenido, que reúne cientos de comunicadores, periodistas y divulgadores de ciencia de diferentes áreas de universidades nacionales, como de organismos científicos y vinculados a la promoción de la ciencia y la tecnología de nuestro país, y que inclusive se ha extendido a colegas de la región, otorgándole carácter internacional. Este año fue en Rosario (Santa Fe) -a orillas del río Paraná y cercano al Monumento Histórico Nacional a la Bandera- que nos brindó un encuentro amplio y valioso durante tres días consecutivos en la Universidad Nacional de Rosario. Un encuentro que, a pesar de la coyuntura crítica, potencia la convicción de comunicar y legitimar el quehacer científico.
Participar del COPUCI incentiva y visibiliza nuestras prácticas comprometidas con la cultura científica. En esta oportunidad, presenté una ponencia sobre Ciencia Ciudadana y Biodiversidad, un aporte sobre la iniciativa y desafíos de una plataforma de red de naturalistas, expertos y ciudadanos que co-colaboran en el mapeo de registros y preservación de la flora y fauna en nuestro país. En esa instancia pude compartir la mesa de discusión junto a colegas de la UNR y de CENPAT CONICET, donde surgió el intercambio y conexión entre las temáticas abordadas, evidenciando la importancia de la articulación entre la comunidad, la academia y la gestión pública.

La experiencia 2026 fue nutrida de ponencias en simultáneo, paneles especiales, presentaciones de libros, ludoteca, workshop y talleres de comunicación, clínica para divulgadores y el foro de tesistas de posgrado, con presencia del equipo de divulgadorxs y comunicadorxs protagonistas de la experiencia streaming del fondo del mar. Lo destacable es que, si bien no toda comunicación de la ciencia tiene ese impacto en pantalla grande o plataformas, también puede ser identificable y reconocible en el territorio, y allí es donde hay que seguir insistiendo. En las aulas se exponía sobre diversidad de temáticas como el mundo de los hongos, la concientización sobre Chagas, la preservación de los océanos, las infancias y su interacción con la ciencia, hasta el análisis sobre las nuevas narrativas en la era digital, el puente entre arte y ciencia, la institucionalización de la CPC, la IA y las ciencias sociales y humanas, entre tanta ciencia que se produce y comunica en nuestra región.
Además de la posibilidad de encuentro diario con colegas, pudimos apreciar algunos espacios emblemáticos de la ciudad anfitriona como el Monumento a la Bandera con su propileo triunfal de la Patria y el pasaje juramento, junto a la imagen ilustrada de Belgrano. Otros atractivos como el acuario y el jardín botánico junto al Paraná y museos y bares bohemios que referencian a la cultura local y nacional. Además, en el marco del aniversario de 300 años de Rosario, concurrimos al planetario en una función que reflejó los íconos de su historia y una propuesta musical/inmersiva en homenaje al universo de Gustavo Cerati.
La ciencia nos reúne y la comunicación es nuestro leimotiv. Continuamos promoviendo esta red que permanece y sigue consolidándose como campo de estudio, investigación y experiencias comunicacionales en la promoción del conocimiento y la cultura científica, con apertura hacia las nuevas dinámicas que nos presenta el mundo y el pensamiento crítico que nos congrega cada dos años.
