El Test de Turing, la megaminería y el extraño caso de lxs diputadxs robots

Crédito foto: Ramiro Torres

El matemático inglés Alan Turing se hizo una pregunta: ¿puede pensar una máquina? Y, en 1954, realizó su famosa prueba para ver si las máquinas podían engañar a los humanos. Turing montó una charla entre una persona y una máquina diseñada especialmente para generar respuestas, y el objetivo del juego era adivinar quién era quién. Si las máquinas lograban hacerles creer a por lo menos el 30 por ciento de lxs jueces que eran humanas, serían consideradas vencedoras ¿Podría la entonces incipiente inteligencia artificial engañar descaradamente a lxs evaluadorxs?

Al otro lado del tiempo y del mundo, el 15 de diciembre del 2021, la legislatura de la Provincia de Chubut aprobó la ley de zonificación minera. Lo hicieron a espaldas del pueblo. Sesionaron de manera furtiva. A pesar del plebiscito de Esquel del 2003 en el que el 81 por ciento de su población votó en contra de la explotación megaminera; a pesar de las marchas multitudinarias; a pesar de los carteles, de las banderas y los cantitos; de las asambleas, de la lucha; a pesar de las plazas llenas, del dolor de miles;  a pesar de la falta de consulta a pueblos originarios; a pesar de que los Ríos Chubut y Senguer son las fuentes de provisión de agua para el 70 por ciento de la población de la Provincia, a pesar de las evidencias científicas, de las sucesivas crisis hídricas, de la desertificación; del impacto del cambio climático en la cantidad y calidad de agua; de su escasez, de su fragilidad; entre gallos y medianoche se apuraba una sesión extraordinaria para aprobar una ley sin licencia social.

El proyecto de Ley Número 128 de Desarrollo Productivo Sustentable de la Meseta fue aprobado por 14 votos a favor y 11 en contra. Reflejo de una crisis institucional, las manos se levantaron a pesar de todo. El pueblo salió a la calle y la policía disparó con balas de goma en Rawson y en Trelew.

¿Cómo funciona la mente de esxs diputadxs que aprobaron una ley que lxs habitantes de la Provincia rechazaban?  Luego de votar, ¿vuelven a sus casas, se lavan los dientes y se acuestan? ¿Y el remordimiento? ¿Es acaso, la conciencia apenas una mancha que se extiende como peste por la cabeza de esas personas? ¿Tienen la certeza de haber actuado mal; de haber destrozado la vocación de servicio de un funcionario público? ¿O son meras máquinas programadas por las corporaciones?

A raíz del 60 aniversario de la muerte de Alan Turing, el 7 de junio de 2014 se realizó una competición de la prueba de Turing en la Real Sociedad de Londres y por primera vez en la historia, las máquinas salieron vencedoras.  El robot ruso Eugene Goostman, en series de conversaciones de 5 minutos de duración, logró convencer al 33 por ciento de los jueces del concurso de que era humano.

Fuente imagen: La Namunkura, radio de la fundación Ceferino Namuncura.

Las máquinas habían aprendido a mentir. Pero les iba costar caro. El 21 de diciembre de 2021 el Gobierno de Chubut derogó la ley de zonificación minera. Lxs diputadxs, quienes habían votado a favor y quienes se habían opuesto seis días atrás, rechazaban ahora por unanimidad la implementación de la megaminería en la provincia Patagónica. ¿Qué había pasado? ¿Las movilizaciones masivas, las protestas, las marchas interminables, las plazas llenas habían hecho tronar el escarmiento? ¿Tal vez aquellas máquinas están programadas con alguna conciencia social? Tal vez lxs diputadxs que habían engañado la confianza del pueblo: Adriana Casanovas, Monica Saso, Carlos Gómez, Emiliano Mongilardi, María Cativa, Graciela Cigudosa, Gabriela de Lucía, Roddy Ingram, Pablo Nouveau, Juan Pais y Mariela Williams, Carlos Eliceche, Tatiana Goic, Sebastián Lópe, guarden, aún, una pizca de humanidad.

Fuente de consulta recomendada: https://unriotodaslasaguas.com.ar/wp-content/uploads/2021/01/Policy-Brief-parte-1.pdf

Alejandro Cannizzaro
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Alejandro Cannizzaro escribe. Escribe todo lo que puede. Escribe desde que puede. Trabaja de periodista científico en el Centro Científico Tecnológico CONICET-CENPAT, en Puerto Madryn. Ciudad en la que vive desde 2014. Las ballenas no le gustan tanto. Escribe. Es autor de algunos cuentos y una obra de teatro que anda girando por ahí. Tiene 44 años y una hija que se llama Amanda.

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